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 Artículo tomado del periódico: The New York Times!

Un completo análisis para los estudiantes de Escuela Andina Resolución 210 de 2020/

Para Entender la realidad, debemos dejar los sesgos y entender el contexto/ Marty Alvarez Director. 

También puedes aprender cómo iniciar tu aprendizaje de un segundo idioma, por tu cuenta.




Guerra en Afganistán: cronología de una guerra de dos décadas

Justo cuando Estados Unidos comenzó a retirar sus tropas de Afganistán después de casi 20 años de guerra, los talibanes se apoderaron de Kabul, la capital del país.

Combatientes talibanes en Kabul, la capital de Afganistán, el 15 de agosto
Credit...Jim Huylebroek para The New York Times

Después de casi dos décadas de guerra en Afganistán y pocas semanas antes de la retirada programada de las fuerzas estadounidenses, el domingo los talibanes retomaron el poder en Kabul, la capital, derrocando el gobierno y haciendo que miles de personas emprendan una carrera desesperada para escapar del país.

El Times  Una selección semanal de historias en español que no encontrarás en ningún otro sitio, con eñes y acentos. .

La caída de Kabul borró el último vestigio de control gubernamental después de una feroz ofensiva talibán que tomó una gran ciudad tras otra en cuestión de días. El presidente Ashraf Ghani huyó del país el domingo. Horas después, los líderes talibanes ocuparon su lugar en el palacio presidencial.


Continue reading the main stoLa campaña militar de los talibanes, que ha durado todo el verano, ha forzado la rendición de las fuerzas gubernamentales afganas y el inicio de una retirada general. Las tropas gubernamentales abandonaron decenas de puestos de avanzada y bases, a menudo abandonando armas y equipos.

En muchos casos, se rindieron sin luchar, a veces tras la intercesión de los ancianos del pueblo enviados por los talibanes. Miles de afganos, temerosos de los homicidios en represalia, intentaron huir del país el lunes y buscaron refugio en el aeropuerto internacional de Kabul, que estaba en manos de fuerzas militares extranjeras que intentaban ayudar con las evacuaciones.

El colapso del gobierno afgano, después de que Estados Unidos invirtió miles de millones de dólares para respaldar a las fuerzas de seguridad afganas, le dieron un colofón violento a la misión militar estadounidense en su guerra más larga.

Se trata de una misión de combate que ha perseguido a cuatro presidentes, que significó múltiples bajas estadounidenses, enfrentamientos con un enemigo despiadado y tratos con un socio gubernamental afgano que solía ser corrupto y confuso.

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Estados Unidos y otros soldados de la coalición militar abordaban helicópteros para abandonar el campo aéreo de Bagram, en mayo.
Credit...Jim Huylebroek para The New York Times

A mediados de abril, el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, anunció que todas las tropas estadounidenses abandonarían el país antes del 11 de septiembre y declaró que su país había cumplido hace tiempo su misión de negar a los terroristas un refugio seguro en Afganistán.

Biden reconoció que tras casi 20 años de guerra —la más larga de Estados Unidos en el extranjero— estaba claro que el ejército estadounidense no podía transformar Afganistán en una democracia moderna y estable.

Al responder en julio a los críticos de la retirada, el presidente dijo: “Permítanme preguntar a los que querían que nos quedáramos: ¿Cuántos más? ¿Cuántos miles más de hijas e hijos de Estados Unidos están dispuestos a arriesgar?”.

El gobierno estadounidense planea dejar a unos 650 soldados para custodiar la embajada de EE. UU. en Kabul. El domingo por la noche, el Departamento de Estado dijo que todo el personal de la embajada había sido evacuado al aeropuerto. El lunes, las fuerzas estadounidenses protegían el aeropuerto de Kabul, mientras el pánico y el terror se apoderaban de la ciudad controlada por los talibanes.

Los residentes comenzaron a tapar, con pintura, los anuncios y carteles de mujeres en salones de belleza. Los combatientes talibanes detuvieron a algunos agentes de policía. En Kunduz, que cayó el 8 de agosto, los talibanes establecieron puestos de control y fueron de puerta en puerta en busca de funcionarios públicos, amenazando con castigar a los que no iban a trabajar.

Y en todo el país, los funcionarios afganos fueron filmados entregando el poder a los líderes talibanes. El expresidente Hamid Karzai dijo que había formado un consejo con otros líderes políticos para coordinar una transición pacífica hacia un nuevo gobierno talibán.


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“Esto se desarrolló más rápidamente de lo que habíamos anticipado”, dijo Biden en un discurso el lunes, y agregó que mantiene su decisión de poner fin a la participación militar estadounidense en Afganistán.

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Un bombardero estadounidense B-52 sobrevuela las montañas de Tora Bora en Afganistán en 2001.
Credit...Joao Silva/The New York Times

Semanas después de que Al Qaeda atacara a Estados Unidos el 11 de septiembre, el presidente George W. Bush anunció que las fuerzas estadounidenses habían lanzado ataques contra el grupo terrorista y objetivos talibanes en Afganistán.

Bush advirtió que los talibanes, que entonces gobernaban la mayor parte de Afganistán, habían rechazado su demanda de entregar a los líderes de Al Qaeda que planearon los ataques desde bases dentro de Afganistán. Dijo que tenía la intención de llevar a los líderes de Al Qaeda ante la justicia, y añadió: “Y ahora los talibanes pagarán el precio”.

“Estas acciones cuidadosamente dirigidas están diseñadas para interrumpir el uso de Afganistán como base de operaciones de los terroristas, y para atacar la capacidad militar del régimen talibán”, dijo el presidente.

Ya entonces, el presidente estadounidense advirtió que la Operación Libertad Duradera supondría “una larga campaña como nunca antes habíamos visto”.

En diciembre de 2001, el líder de Qaeda, Osama bin Laden, y otros altos mandos habían huido a un lugar seguro en Pakistán, un aliado nominal de Estados Unidos. Las fuerzas estadounidenses no los persiguieron, y Pakistán acabó convirtiéndose en un refugio seguro para los comandantes y combatientes talibanes, que en los años siguientes cruzaron la frontera para atacar a las fuerzas estadounidenses y afganas.

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En diciembre de 2001, el portavoz de los talibanes ofreció rendirse de manera incondicional, acto que fue rechazado por Estados Unidos. En mayo de 2003, el entonces secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, anunció el fin de las principales operaciones de combate en el país.
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Hamid Karzai, líder del gobierno interino de Afganistán, tras su toma de posesión en Kabul en diciembre de 2001
Credit...James Hill para The New York Times

Después de derrotar a los talibanes, Estados Unidos y la OTAN se dedicaron a reconstruir un Estado fallido y establecer una democracia de estilo occidental, gastando miles de millones para tratar de recomponer un país desesperadamente pobre que ya había sido devastado por dos décadas de guerra, primero durante la ocupación soviética de la década de 1980 y luego durante la guerra civil.

Hubo algunos éxitos iniciales. Se instaló un gobierno prooccidental. Se construyeron nuevas escuelas, hospitales e instalaciones públicas. Miles de niñas, excluidas de la educación bajo el régimen talibán, asistieron a la escuela. Las mujeres, en gran parte confinadas en sus hogares por los talibanes, fueron a la universidad, se incorporaron a la fuerza de trabajo y se unieron al Parlamento y al gobierno. Surgieron medios de comunicación vigorosos e independientes.

Sin embargo, la corrupción era desenfrenada, con cientos de millones de dólares en dinero de reconstrucción e inversión robados o malversados. El gobierno se mostró incapaz de satisfacer las necesidades más básicas de sus ciudadanos. A menudo, su mandato apenas se extendía más allá de la capital, Kabul, y otras ciudades importantes.

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En 2003, con 8000 soldados estadounidenses en Afganistán, Estados Unidos comenzó a trasladar los recursos de combate a la guerra de Irak, iniciada en marzo de ese año.

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Soldados afganos llevan a un policía herido a un helicóptero estadounidense en la provincia de Kunar en marzo de 2010.
Credit...Moises Saman para The New York Times

Los talibanes reconstruyeron su capacidad de combate, a pesar del flujo constante de tropas estadounidenses y de la OTAN.

En 2009, el presidente Barack Obama desplegó miles de tropas más en Afganistán como parte de un “incremento”, llegando a casi 100.000 a mediados de 2010. Pero los talibanes siguieron fortaleciéndose e infligieron bajas significativas a las fuerzas de seguridad afganas a pesar del poder de combate y los ataques aéreos estadounidenses.

En mayo de 2011, un equipo SEAL de la Armada estadounidense abatió a Osama bin Laden en un complejo de Abbottabad, Pakistán, donde llevaba años viviendo cerca de una academia de entrenamiento militar paquistaní. En junio, Obama anunció que empezaría a retirar las fuerzas estadounidenses y que entregaría la responsabilidad de la seguridad a los afganos en 2014.

Para ese entonces, el Pentágono había llegado a la conclusión de que la guerra no podía ganarse militarmente y que solo un acuerdo negociado podría poner fin al conflicto, el tercero en tres siglos en el que se ve involucrada una potencia mundial. Los combatientes afganos derrotaron al ejército británico en el siglo XIX y al ruso en el siglo XX.

Con la guerra en un punto muerto, Obama puso fin a las principales operaciones de combate el 31 de diciembre de 2014 y pasó a entrenar y ayudar a las fuerzas de seguridad afganas.

Casi tres años después, el presidente Donald Trump dijo que, aunque su primer instinto había sido retirar todas las tropas, seguiría, no obstante, con la guerra. Subrayó que cualquier retirada de tropas se basaría en las condiciones de combate, no en plazos predeterminados.

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Pero el gobierno de Trump también había estado hablando con los talibanes desde 2018, lo que llevó a negociaciones formales que excluyeron al gobierno afgano, dirigido por el presidente Ashraf Ghani.

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Prisioneros talibanes haciendo fila en la base militar de Bagram antes de ser liberados en mayo del año pasado.
Credit...Jim Huylebroek para The New York Times

En febrero de 2020, el gobierno de Trump firmó un acuerdo con los talibanes en el que se pedía la salida de todas las fuerzas estadounidenses de Afganistán para el 1 de mayo de 2021, sin embargo, Biden extendió ese plazo. A cambio, los talibanes se comprometían a cortar los lazos con grupos terroristas como Al Qaeda y la filial del Estado Islámico en Afganistán, a reducir la violencia y a negociar con el gobierno afgano respaldado por Estados Unidos.

Pero el acuerdo no incluía medidas de imposición para obligar a los talibanes a cumplir sus promesas. Y con el gobierno afgano excluido del acuerdo entre Estados Unidos y los talibanes, las relaciones con Estados Unidos se tensaron.

Tras la firma del acuerdo, los talibanes dejaron de atacar a las tropas estadounidenses y se abstuvieron de cometer grandes atentados terroristas en ciudades afganas. Estados Unidos redujo el apoyo aéreo a las fuerzas gubernamentales, limitándolo generalmente a los casos en los que las tropas afganas corrían peligro de ser superadas.

Los objetivos principales del acuerdo de 2020 eran que los líderes afganos y los talibanes negociaran una hoja de ruta política para un nuevo gobierno y una nueva constitución, reducir la violencia y, en última instancia, forjar un alto al fuego duradero.

Pero el gobierno acusó a los talibanes de asesinar a funcionarios gubernamentales y a miembros de las fuerzas de seguridad, a defensores de la sociedad civil, a periodistas y a trabajadores de los derechos humanos, incluidas varias mujeres que fueron tiroteadas a plena luz del día.

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Debido a su fuerte posición en el campo de batalla y a la retirada de las tropas estadounidenses, los talibanes han mantenido la ventaja en las conversaciones con el gobierno afgano, que comenzaron en septiembre en Doha, Qatar, pero que se han estancado desde entonces. El Pentágono ha dicho que los militantes no han cumplido las promesas de reducir la violencia o cortar los vínculos con los grupos terroristas.

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Una unidad de policía afgana deteriorada por la guerra en la provincia de Zabul en febrero de 2020
Credit...Kiana Hayeri para The New York Times

Las unidades militares y policiales se han visto mermadas por las deserciones, los bajos índices de reclutamiento, la escasa moral y liderazgo y el robo de remuneraciones y material por parte de los comandantes. Han sufrido un alto índice de bajas, que los comandantes estadounidenses han dicho que no es sostenible.

Faizabad

Mazar-i-Sharif

Taliqan

Sheberghan

Kunduz

Aybak

Sar-i-Pul

160 KILÓMETROS

Pul-i-Khumri

Principales

ciudades tomadas

por los talibanes

Qala-e-Naw

Herat

Firoz Koh

Kabul

Pul-e-Alam

AFGANISTÁN

Ghazni

Farah

Kandahar

Lashkar Gah

Zaranj

Distritos bajo control talibán

Distritos en disputa

En control del gobierno

Aunque Estados Unidos ha gastado al menos 4000 millones de dólares al año en el ejército afgano, un informe clasificado de los servicios de inteligencia que fue presentado al gobierno de Biden esta primavera decía que Afganistán podría caer en gran medida bajo el control de los talibanes en un plazo de dos a tres años tras la salida de las fuerzas internacionales.

Pero la caída fue mucho más rápida.

“Los líderes políticos afganos se rindieron y huyeron del país”, dijo Biden el lunes, acusando al ejército de deponer las armas después de dos décadas de entrenamiento estadounidense. “En todo caso, los acontecimientos de la semana pasada refuerzan que poner fin a la participación militar estadounidense en Afganistán fue la decisión correcta”.

Cuando los combatientes talibanes se apoderaron de las capitales de las provincias durante la semana pasada, los contraataques del gobierno lucharon para retomar un puñado de bases y distritos. Algunos excaudillos afganos movilizaron milicias privadas mientras que muchos se unieron a milicias voluntarias, muchas de ellas armadas y financiadas por el gobierno.

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Pero los talibanes lograron tomar una serie de capitales provinciales antes de llegar a Kabul el domingo, un hecho aterrador para muchos que pensaban que podían construir una vida bajo la protección de sus aliados estadounidenses.

Los talibanes dijeron que sus fuerzas estaban allí para garantizar el orden y la seguridad pública, y que buscaban entablar relaciones con otras potencias mundiales, incluidas Rusia y China, en parte para recibir apoyo económico.

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